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Valledupar merece convertirse en ciudad

Habitualmente, en la esfera de la planeación urbana contemporánea suele hablarse de transformación de ciudad, desde luego, Valledupar no es la excepción, aquí hace muchos años venimos haciendo referencia a esto, pero, ¿nos hemos preguntado si verdaderamente somos ciudad como para hablar de transformación de la misma? ¿Reunimos las condiciones mínimas para serlo? ¿Los presupuestos sine qua non?

Transformar una ciudad no es un tema sencillo, pero construirla sí que menos, experiencias nacionales e internacionales advierten que son asuntos complejos.

En la construcción y transformación auténtica de ciudades los liderazgos políticos son de alta relevancia, aun cuando el sector privado de una u otra forma tenga intención de contribuir, sólo con una voluntad política férrea es posible que los territorios avancen en crecimiento y prosperidad. “El progreso sucede cuando lideres con coraje aprovechan las oportunidades para hacer grandes transformaciones positivas” – Harry Truman, presidente 33° de los Estados Unidos.

Considero que no deberíamos hablar de transformación de ciudad sin antes construirla. En nuestro caso, Valledupar, hay que partir de un procedimiento compensatorio en temas como las necesidades básicas insatisfechas en salud, educación, vivienda, agua potable y saneamiento básico; consolidación del Sistema Estratégico de Transporte Público; fortalecimiento del capital humano para solventar tasas de desempleo, desigualdad y pobreza extrema; seguridad y ordenamiento territorial, eso para la construcción, es decir, para catalogarnos, ahí sí, como ciudad.

Una vez logremos posicionar a Valledupar como una ciudad genuina y equilibrada en temáticas básicas del componente de la calidad de vida de sus ciudadanos, en mi concepto, y sin descuidar el portafolio fértil que hoy sostiene a Valledupar y el Cesar, debemos apostarle a los temas que nos abrirán paso en la senda de la transformación, tales como cultura, turismo, ecología, emprendimiento, o bien sea, lo que hoy conocemos como economía alternativa o naranja, lo cual se constituirá en un punto de inflexión social, política, económica, administrativa y cultural, que a largo plazo se traducirá en: equidad, sostenibilidad, competitividad y oportunidades.

La tarea: saldar demandas sociales, promover el desarrollo económico, diversificar la cartera productiva, ampliación del patrimonio público, instituir una misión y visión de ciudad factible y profundizar la democracia: planificación colectiva y participativa.

Hay que aprovechar las fortalezas que nos ofrece nuestra tierra y para ello hay que ir gestando planes estratégicos para afrontar nuestros retos sociales, ambientales, económicos y culturales. La ciudad es un derecho y en eso debemos convertirnos.

Por Camilo Pinto Morón @camilopintom

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