En la memoria de Pablo ‘El Trencito’ Carrillo todavía resuenan las bombas y ráfagas de aquella noche de finales de la década del 90 cuando la guerrilla se tomó El Copey, obligando a su familia a abandonar su pueblo natal.
Tenía 8 años, eran las dos de la madrugada y su padre lo metió, junto con sus hermanos, debajo de una colchoneta para protegerlos de las balas.
Ese fue el día en que su progenitor decidió que era el momento de emigrar para no arriesgarse a morir víctima del conflicto armado. Uno a uno, sus hermanos, junto a su madre fueron abandonando el terruño, siendo Pablo y su padre los últimos en salir rumbo a Barranquilla.











