Muy pocos se detienen por un momento a reflexionar sobre lo que nos está pasando, ni siquiera como sociedad, como humanidad. Y ojo que no menciono la palabra pensar, que es un acto natural e involuntario de todos los seres vivos, sino que enfatizo sobre reflexionar, que es el siguiente nivel, más allá de solo escuchar lo que dice nuestra mente. ¿Estamos siendo conscientes de que nos estamos degradando como especie y cada vez nos alejamos de nuestro propósito como creación divina? Pareciese que sí.
Nacimos con la capacidad de enfrentar y resolver todos los obstáculos que se nos crucen en la vida; así ha sido desde que pisamos esta tierra: el descubrimiento del fuego, como el más importante de toda la existencia humana; luego la rueda, la máquina a vapor, las letras, las enfermedades y cómo curarlas, las leyes y cómo usarlas para organizarnos mejor como sociedad, y así sucesivamente fuimos entregando soluciones que eran comunes a toda la especie, siempre con un fin superior: preservar lo más valioso que teníamos en ese momento, la existencia misma, es decir, lo que significaba estar por encima de toda la cadena viva: ¡la vida!
¿En qué momento esa capacidad de crear y ponerla al servicio de la humanidad cambió su fin para destruirla? Pasar de la flecha, el hacha, la lanza y el uso final de la pólvora, luego la dinamita y la división del átomo nos da la respuesta. ¿Y las redes sociales cuentan también como la evolución de esos inventos para destruir? Para mí, la más eficaz.






