La flor que se compra en la esquina tiene todo un trasfondo desde su cultivo y florecimiento hasta su comercialización, y en la mitad de este proceso se encuentran los residuos de los tallos y pétalos que se botan o no se utilizan, pero que tienen potencial como materia prima para la elaboración de un fertilizante con residuos orgánicos (compost), que, al aplicarse en el suelo donde se cultivan girasoles, mejora los niveles de absorción del agua y los nutrientes.
Según la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores, la floricultura genera cerca de 140.000 empleos directos e indirectos, distribuidos especialmente en Cundinamarca y Antioquia. Además, siendo un país tan rico en diversidad de flores (cerca de 1.600 variedades), es el segundo exportador mundial –estas llegan a 89 países– y el principal de claveles.
En Cundinamarca el girasol es protagonista de la floricultura de la región, donde tiene una gran proyección económica; por eso, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) se dieron a la tarea de buscar la forma de que los suelos ofrecieran el mejor rendimiento posible y encontraron una alternativa viable y útil en los residuos de esta industria.











