Este fenómeno plantea un reto: la ciudad está llena de nuevos “emprendedores” que se sienten optimistas, pero que requieren tránsito hacia la formalidad para que ese bienestar subjetivo se traduzca en calidad de vida objetiva y sostenible a largo plazo.
Los autores del índice explican que, aunque Bogotá lidera el ranking con 6,09 puntos, incluso las ciudades en los primeros lugares tienen amplias oportunidades de mejora.