POLÍTICA

El estereotipo de los candidatos presidenciales

Un análisis de la revista SEMANA, titulado “La leyenda de Oscar Ivan Zuluaga”, dice que muchas de las cosas que se dicen sobre él no son ciertas pero hay aspectos de la plataforma política de este candidato que son preocupantes.

El estereotipo de los candidatos presidenciales

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En las elecciones presidenciales, cada campaña construye un estereotipo de su adversario que por lo general es enormemente exagerado o incluso falso. A Juan Manuel Santos, por ejemplo, le han creado la imagen del hombre que le está abriendo la puerta al castro-chavismo al entregarle el país a las Farc con tal de firmar un acuerdo de paz. Esa no es la realidad de las negociaciones de La Habana, pero versiones simplistas como esa hacen carrera, millones las creen y pueden llegar a definir una elección.
A Óscar Iván Zuluaga también le han montado su estereotipo. Lo han pintado como un títere de Uribe que tendría un gobierno autoritario en el cual habrá chuzadas, persecución de periodistas, falsos positivos, etcétera. Como en el caso de Santos, esa interpretación no necesariamente corresponde a una realidad. Zuluaga es una persona con trayectoria reconocida por su respeto a los valores democráticos, y no hay por qué pensar que va a cambiar. Tampoco es seguro que vaya a ser un títere de Álvaro Uribe si es elegido presidente. Todo el que llega al poder suele adquirir vuelo propio y lo único que no querrá hacer Zuluaga es repetir los excesos que le costaron tanto en imagen al gobierno de la seguridad democrática.

A pesar de la popularidad del expresidente, abusos como el de las chuzadas le generaron una imagen negra al uribismo de la cual el Zorro no querrá ser protagonista. Por su parte, la verdadera obsesión de Uribe no es tanto gobernar en cuerpo ajeno como sacar a Juan Manuel Santos de la Casa de Nariño.
Sin embargo, si bien la imagen de “títere chuzador” no es real, hay aspectos de la plataforma política de Zuluaga que son preocupantes. Concretamente se trata de sus posiciones sobre el proceso de paz y la relación con los países vecinos.
Proceso de paz
Es muy probable que si el candidato del Centro Democrático mantiene las exigencias que le ha hecho a las Farc para seguir con las negociaciones de La Habana esto lleve a su rompimiento. Pero si esto sucede sería grave. Se perderían los avances del proceso actual que han sido considerables. El politólogo francés Daniel Pecault acaba de publicar un artículo en El Espectador en el cual subraya que el costo/beneficio en vidas y dinero de reanudar la guerra es mucho más caro que el de mantener el diálogo. Esa es una realidad que no se le puede escapar a nadie que aspire a la Casa de Nariño. A Zuluaga le conviene concretar o endurecer el proceso, pero no destruirlo. Si las Farc se paran de la mesa existe el riesgo de volver a la época de las bombas en El Nogal, los secuestros extorsivos, las pescas milagrosas, etcétera.
Tal vez por estar consciente de esto, Zuluaga ha modificado un poco su posición, eliminando una exigencia que no era viable: el ultimátum de que las Farc tenían una semana para decretar un cese al fuego unilateral permanente y verificable. El problema estaba en la palabra verificable. Para que eso fuera posible, como las Farc tienen aproximadamente 30 frentes activos, se requería tenerlos agrupados en el mismo número de locaciones para que algún tipo de observador internacional hiciera esa verificación. Esa sería la antesala de una desmovilización, lo cual esa guerrilla estaría dispuesta a aceptar después de la firma de un acuerdo de paz, pero no antes.
Lo que aún exige Zuluaga para continuar tampoco es fácil de cumplir para una guerrilla arrogante. Son puntos como terminar con el reclutamiento de menores, las minas antipersonales, los atentados terroristas contra la población, los crímenes de guerra, los golpes a la infraestructura, el secuestro y el narcotráfico. Aunque esa cantidad de condiciones tiene algo de utópico, por lo menos sería discutible y da para un tire y afloje que no implique automáticamente el recrudecimiento de la guerra. Zuluaga, al ajustarse a posiciones más realistas, se expone a que lo acusen de incoherente, de haberse ‘patraseado’ o incluso de traición al credo uribista. Pero ese sería el mejor escenario y ser flexible en un tránsito de candidato a presidente es más un acto de responsabilidad que de debilidad.
Preocupa, sin embargo, un elemento que el candidato acaba de agregar a su posición sobre la paz. Es el regreso a la teoría uribista de que en Colombia no hay conflicto armado sino una amenaza terrorista. Eso representa un retroceso que carece de lógica en medio de la coyuntura actual. Si la contraparte son terroristas, en teoría no se podría negociar con ellos porque con terroristas no se negocia. No solo para la mayoría de los colombianos, sino para la comunidad internacional, en el país hay un conflicto armado al cual es necesario ponerle fin. En privado, algunos embajadores de países importantes han expresado su sorpresa ante el regreso de esta interpretación.
Política Internacional
Óscar Iván Zuluaga ha pronunciado algunas frases sobre las relaciones con los países vecinos que generan inquietud. Sobre Venezuela ha dicho que en ese país hay una dictadura, que no hay libertad de expresión, ni libertad de empresa, ni garantías para la oposición. Agrega que Colombia no puede tener un silencio cómplice y que tiene la obligación moral de promover los valores democráticos. Eso suena muy lógico y puede ser verdad, pero asumido como posición de gobierno es desafiante y peligroso.

Dar clases de moral a terceros tiene algo de odioso y va en contravía de un principio universal que es el de la no intervención en los asuntos internos de otros países.

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