Orientación al elector
El 10 de agosto es la fecha límite para la inscripción ante la Registraduría del Estado Civil, de los candidatos a las 32 gobernaciones y los mil 103 municipios existentes en Colombia, con ellos obligatoriamente deberán inscribir sus programas de gobierno (ley 163 de 1.994).
Bajo esta premisa y ante el interrogante de ¿qué es más importante, el programa de gobierno o el candidato?, el delegado del registrador nacional en el Cesar, Oscar Eduardo Maya Guerrero, hizo un reflexión y una serie de precisiones.
El hecho de considerar más importante un programa de gobierno que a un candidato, se generó en la Constitución de 1.991 (art. 259 de la C. N); la idea resultaba novedosa en nuestro ordenamiento jurídico superior y era visto como un instrumento de consolidación democrática; en tanto que consentía la participación de los ciudadanos en el desarrollo programado de las necesidades más sentidas de las regiones. Esto permitía vislumbrar un fortalecimiento de la vida local y regional y una modernización de la cultura política, obligando a la comunidad a jugar un papel activo en la escogencia de la mejor opción al momento de decidir.
El ejercicio del sufragio adquiría una verdadera identidad, en la medida que se estaba votando por unas ideas concretas, plasmadas en un programa de gobierno que debía cumplirse, so pena de que el mismo pueblo le revocara el mandato al gobernante que no cumpliera con unos anhelos colectivos comprometidos.
Ley del Voto Programático
Esta ilusionante filosofía la desarrolló la llamada Ley del Voto Programático (ley 131 de 1.994), que en su artículo primero estableció: “… se entiende por voto programático el mecanismo de participación mediante el cual los ciudadanos que votan para elegir gobernadores y alcaldes, imponen como mandato al elegido el cumplimiento del programa de gobierno que haya presentado como parte integral en la inscripción de su candidatura…..”
Sin embargo, después de más de 20 años de vigencia de nuestra Constitución Política y de 17 de la ley que desarrolló el mandato constitucional, el panorama es bastante distinto porque la conciencia popular no ha podido ser capaz de apropiarse con convicción verdadera, de esta benéfica filosofía colectiva.
La gente sigue pensando en individuos y no en los programas de gobierno, y muchos políticos continúan pensando sólo en ellos.






