Sobre Iván Duque recaen constantemente interrogantes relacionadas con los desafíos de su gestión. Recién asume la presidencia de Colombia, siendo el más joven en los récords de ese país. Fue un senador que entró al Congreso en las listas de Alvaro Uribe y, conociendo el fuerte tutelaje que éste ejerce sobre sus huestes, no son pocos los que se preguntan cuál de los dos gobernará en definitiva.
En los últimos días el novel mandatario ha dado ciertas demostraciones que prefiguran el talante de su Administración, provocando que ahora los puntos focales sean otros. Anuncia que se retiran de Unasur al considerar que la organización se ha convertido en un “cómplice de la dictadura venezolana”. A propósito, ya había señalado que haría “respetar la Carta Democrática Interamericana” y al mismo tiempo denunciaría “en los foros multilaterales las dictaduras que pretenden doblegar a sus ciudadanos”.
En ese mismo sentido, pretende liderar una “respuesta multilateral” a través del Grupo de Lima, el conjunto de 12 países latinoamericanos que ha tomado medidas frente al régimen de Nicolás Maduro. El Ejecutivo propone insistir en el fortalecimiento de un fondo humanitario de emergencia y en la creación de un enviado especial ante la ONU que coordine las acciones de varios países, al tiempo que preparan una nueva política migratoria para afrontar “la crisis humanitaria con la llegada de migrantes de Venezuela”.











