Venezuela es un país de 32 millones de habitantes. En los últimos 5 años, aproximadamente 2.3 millones de ellos (7%) han salido del país, según la ONU. De acuerdo con Migración Colombia, 1 millón están acá (750.000 se quieren quedar) a los que hay que sumar 250.000-300.000 personas colombianos o con derecho a la nacionalidad, que retornaron de dicho país y se sumaron a esta ola migratoria.
Un fenómeno migratorio como este, nunca antes se había presentado en la sociedad, ni en la economía colombiana, que por lo tanto no está preparada. Este ha sido un shock social y económico que ha repercutido en muchos frentes: nuevas exigencias de atención en salud, primera infancia, educación y vivienda. Impacto en el mercado laboral y en la economía. En las pautas de convivencia y seguridad. En los sistemas de información y registro. Sin embargo, hay que mirar esta migración de una manera más inteligente y de mediano plazo.
Es una oportunidad para el país, cómo han sido todas las migraciones en el mundo. Traen diversidad cultural, los migrantes son emprendedores y arriesgados, aumentan la producción y el consumo, mejoran la productividad en sectores en donde eran líderes, y también hay un elemento de condición humana que hay que mencionar: los migrantes deben ser merecedores de toda nuestra solidaridad porque los derechos humanos son universales, independiente del país en dónde se viva. Colombia y en particular la nuestra región caribe, tiene una deuda con Venezuela, que recibió en décadas pasada a cientos de miles de los nuestros, cuando eran sus épocas de bonanza.











