Por el Hipódromo San Francisco, ubicado a escasos 11 kilómetros de Valledupar, en jurisdicción del municipio de La Paz, parece que hubiera pasado un huracán. Todo está deteriorado; algunas piezas de este, el único escenario oficial de la hípica en Colombia, permanecen en el suelo. El óxido se come los metales, las zonas para juegos familiares se pierden entre la maleza y la pista de 1.400 metros hoy es un potrero.
Este escenario de carreras de caballos nació con la Resolución número 2015 – 02 – 1284, emitida por la Gobernación del Cesar, como ente fiscalizador de la licencia de operación del hipódromo. El objeto de la resolución era: “Otorgar en concesión la operación y explotación de las apuestas que se realicen sobre los resultados de carreras de caballos, para que el concesionario opere, por su cuenta y riesgo dicha modalidad de juego de suerte y azar en todo el territorio del departamento del Cesar y fuera de su jurisdicción (apuestas efectuadas en hipódromos nacionales e internacionales)…”.
“Renace la hípica en Colombia”, informó Coljuegos en octubre de 2015 a través de un comunicado oficial: el Hipódromo San Francisco se había abierto al público con un permiso de seis meses para preoperación, contrato a 10 años, y estaban a punto de regresar al país las carreras de caballos. Su apertura significaba una enorme oportunidad para el monopolio rentístico, principalmente del departamento del Cesar, pero la realidad hoy es otra. En el lugar se invirtieron, según su propietario, Juan Ovalle Arzuaga, cerca de $3.000 millones de pesos.









