Efraín Acuña y Ledis Mola ya pasaron los 60 años de edad, y esperaban terminar su vejez en la casa que ellos mismos construyeron en 1971, en el barrio Edgardo Pupo, pero el 3 de abril de 2010 cuando los llamaron a decirles que su hija Silene Maria Acuña Mola, con 8 meses de embarazo, había sido encontrada enterrada en la sala de una casa en Cundinamarca, los planes cambiaron.
“Vendimos la casa por los gastos que vinieron”, dice Efraín, un hombre de 62 años, mediana estatura y grandes manos por causa de su oficio fabricando bloques de arena, dinteles y concreto. Se refiere a todo lo que acarreó la muerte de su hija en Mosquera, Cundinamarca, y los traumatismos que generó la traída del cuerpo hasta Valledupar en abril de 2010.
Llegó de Plato, Magdalena en compañía Ledis, y con ella tuvo 6 hijos, entre ellos Silene. “Ella nació y creció en esa casa”, agrega Efraín y señala a su mujer y dice, “pero ella le cogió rabia a la casa porque los recuerdos no la dejaban”.






