Después de cinco sufridos años de estar sumergido en el mundo de las armas, la selva, el maltrato y demás situaciones críticas vividas en un grupo al margen de la ley, “Chiqui” pudo escapar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y recuperar la libertad que tanto anhelaba.
El jueves pasado, “Chiqui”, como le solían decir dentro de la organización terrorista, en medio del pánico e incertidumbre por su huida, logró escapar de un campamento de las Farc y se entregó ante las tropas del Batallón de Artillería N°2 La Popa.
El menor desertor fue, según su testimonio, obligado por cuatro hombres a ser parte de dicha organización, “cuando apenas cumplía 12 años llegaron hasta donde vivía y me dijeron que si no me iba para el monte con la guerrilla mataban a mi mamá y a mis hermanos”.






