Sumida en la tristeza por la muerte de su consentida, se encontraba Ana Cabarcas en la sala de la humilde vivienda donde residía con Lina María Valera Cabarcas, de 18 años de edad, quien fue asesinada en la tarde del jueves en la invasión Emmanuel, al sur de la ciudad, por un hombre que, al parecer, la pretendía desde hacía varios años.
Acompañada de familiares, amigos y vecinos del sector, la ama de casa, quien esperaba el cuerpo sin vida de Valera Cabarcas para velarlo, no podía entender cómo habían acabado con la vida de uno de sus hijos y más de una manera tan violenta, como sucedió con la menor, quien en un momento inesperado fue invitada a la casa de un hombre que, presuntamente, le propinó varias puñaladas que le ocasionaron la muerte.
Las condolencias evocaban el inmenso vacío de su corazón que le recordaba que uno de sus seres queridos ya no está entre los vivos. Sin embargo, dice que luchará por aquella pequeña de dos años que quedó sin madre por la aparente obsesión de un joven que en días anteriores a los hechos le habría puesto un cuchillo en el cuello diciéndole: “que si no era para él, no era para nadie más”.






