Los primeros días de diciembre de 2000, un hombre de mediana estatura, trigueño, de más de 50 años y buenos modales, se acercó a Armando Mendoza Costa quien se tomaba unas cervezas en la tienda La Meta, del barrio Obrero de Valledupar.
El hombre le dijo que venía de Sucre y que pretendía vincularse a la avicultura, y para esto le propuso comprar la esquina, propiedad de los Mendoza, y en donde aún funciona el negocio, El Pollo Manaurero; nadie se imaginó en esas cuadras que el “sucreño” y otros cinco personajes de los que nunca se supo nada más, tenían como objetivo robarse más de 15 mil millones de pesos que resguardaba celosamente la empresa transportadora de Tomas Greg & Son, a media cuadra.
El negocio se determinó en 80 millones de pesos, los interesados adelantaron 10 millones e iniciaron la mudanza, tal vez el 3 de diciembre de aquella época. “Trajeron una cantidad de sacos vacíos de alimento para pollos, dijeron que lo primero que iban a hacer era cambiar la casa alzar el techo para hacer un cuarto frío. Uno solo vino y puso la cara por todos”, dijo Ángel Mendoza, que atendía el negocio.






