“Tenía el pelo largo, negro y le gustaba tenerlo suelto”, “Era una niña muy humilde”, “Era muy tímida y callada”, “Era muy risueña”, “Le gustaba bailar en la cocina”. Así recordaba la familia Vega Izquierdo a Elibeth Vega Izquierdo, una niña wiwa que, a sus 11 años, salió de su casa, midiendo 1.36 metros, rumbo al salón de cuarto grado en el colegio del corregimiento Sabanas de Joaquina, en jurisdicción de San Juan del Cesar. Desde el 25 de agosto de 2005, su familia nunca más la volvió a ver.
Veinte años después, el 7 de marzo de 2025, la JEP y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) realizaron una entrega digna, no solo a la familia, sino también al pueblo Wiwa. Su familia la llamaba “la cachaquita” por su tono de piel más claro. Sin embargo, el reclutamiento forzado la “bautizó” con otro nombre, que luego se usó para difundir en los medios como un logro de las Fuerzas Militares que actuaron en complicidad de grupos paramilitares.
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