No será enterrado en Valledupar: trasladan a su pueblo natal el cuerpo del tendero asesinado en atraco
El silencio que dejó la muerte de Jhon Alexander Rojas Díaz no solo se siente en su familia, sino también en las calles del barrio donde trabajaba y compartía a diario. Su ausencia se ha vuelto evidente en los gestos más simples: clientes que ya no lo ven detrás del mostrador y niños que hoy preguntan por él, sin entender del todo lo ocurrido.
A sus 39 años, Rojas Díaz no era solo un tendero. Era ese vecino cercano, amable y siempre dispuesto a colaborar. Su trato cálido lo convirtió en una figura querida dentro de la comunidad, especialmente entre los más pequeños, quienes hoy hacen parte del duelo silencioso que envuelve al sector.
Un hombre especial
“Era un hombre especial”, repiten quienes lo conocieron. Su hermana, Orfidia Rojas, lo describe como un hombre sencillo, trabajador y sin lujos, que construyó su vida con esfuerzo.









