El vallenato ha construido a algunos de sus ídolos sobre un silencio incómodo: el de las mujeres y niñas que han sido violentadas por ellos mientras la fama, los conciertos y las caravanas se encargan de borrar la memoria colectiva. Cada cierto tiempo aparece un nuevo nombre, una nueva denuncia, y la misma pregunta sin respuesta: ¿hasta cuándo vamos a seguir celebrando a hombres que le han hecho daño a mujeres y niñas?
El caso de imputación del cantante Churo Díaz por presunto acto sexual con una menor de 14 años, se podría sumar a una deshonrosa lista de cantantes y acordeoneros que han violentado mujeres.
Ahí está el tristemente célebre caso de Diomedes Díaz y Doris Adriana Niño, en 1997. Ahí está el compositor Efrén Calderón, quien asesinó a su esposa embarazada, Liliana Margarita Ayola, en 2001 y fue condenado en 2005 a 16 años de prisión, y que hace pocas semanas reapareció públicamente componiendo una canción para “El Pluma Blanca”, el nuevo álbum del propio Churo Díaz. Ahí está el Pollito Herrera, quien abusó de una niña de 12 años en 2011 y fue condenado en 2014 a 15 años y medio de prisión por acceso carnal abusivo. Ahí está la denuncia de 2020 contra el acordeonero arhuaco José Ricardo Villafañe por violencia de género contra su expareja, Nahomis Viana. Ahí está lo que le hizo Poncho Zuleta en 2022 a la cantante Karen Lizarazo en plena tarima cuando intentó besarla a la fuerza —el mismo mes en que el cantante Mono Zabaleta fue señalado de un episodio similar de acoso a una seguidora en tarima—. Y ahí está el caso de pornovenganza en 2024 de Rubén Lanao contra su exnovia.






