“No más violencia contra las mujeres. Exigimos Justicia. Hoy fue María Rosa, mañana puede ser otra mujer”, eran los gritos que se escuchaban en el sector de Nueve de Marzo, en la margen derecha del río Guatapurí, donde vivía María Rosa Hernández Contreras.
Su padre de crianza, Enrique Hernández López, no podía contener el llanto mientras recordaba la manera en que había transcurrido la corta vida de María. “Yo trabajé mucho para mi niña, ella siempre fue juiciosa, lo único que hacía era ir a fiestas pero no más, ella no se metía con nadie, no era de buscar peleas”.
En medio de lágrimas él narró cómo se enteró que a su hija, la habían matado, “ella llega del colegio el sábado en la tarde, porque ella validaba el bachillerato, ella me preguntó qué le había guardado de almuerzo y yo le dije que carne con arroz.






