La diversificación productiva de La Guajira no puede comenzar el día después del carbón. Pero tampoco debería construirse bajo la premisa de que una actividad económica tiene que desaparecer para que otra pueda surgir.
La discusión que necesita el departamento es mucho más ambiciosa: cómo hacer que las nuevas actividades productivas crezcan mientras las actuales todavía generan empleo, inversión, capacidades y recursos.
La transición justa no debería entenderse como el reemplazo de una economía por otra, sino como la construcción progresiva de una economía más amplia, diversa y productiva, capaz de coexistir con las actividades que hoy sostienen buena parte del aparato económico departamental.
Las empresas minero-energéticas han sido parte fundamental de la economía de La Guajira y seguirán siéndolo mientras mantengan sus operaciones. Durante décadas han generado empleo, inversión, encadenamientos productivos y recursos públicos que han permitido atender necesidades históricas del departamento. Solo en 2025, Cerrejón pagó a la Nación $673.000 millones en regalías, una cifra que permite dimensionar la magnitud de los recursos asociados a esta actividad.











