Partió de este mundo a otras dimensiones, si es que estas existen, el economista norteamericano, Alan Greenspan Goldsmith, quien vivió 100 productivos años. Era un destacado y polémico economista, cuyo legado trascendió a EE. UU. y alcanzó el resto del mundo. ¿Y qué tiene que ver este señor, con la vida de cada uno de ustedes, pacientes lectores de EL PILÓN?, en el curso de este texto voy a sustentarlo.
Voy directo al grano: Greenspan fue durante 18 años y medio presidente del Sistema de Reserva Federal (FED), la autoridad monetaria de Estados Unidos, y además de manejar la política monetaria, en momentos de dificultades, pero también de prosperidad de ese país, aún potencia global, logró trabajar bien con gobiernos de los dos partidos: Republicano y Demócrata. En efecto, trabajó con Ronald Reagan, el primero que lo postuló, con Bill Clinton, y los señores Bush, padre e hijo, comprobando que sí es posible hacer de las decisiones monetarias una política de Estado, que vaya más allá de los intereses de un gobierno y se centre en el interés general, el de los ciudadanos comunes y corrientes.
La vida de Greenspan es una historia sencilla y llena de esfuerzo de una persona por construir su propio destino. Era hijo único de una madre soltera, estudió bachillerato en instituciones de gente común y corriente, y luego Economía, en la Universidad de Nueva York, área en la que demostró capacidad de documentación y análisis en la época en que no existían ni internet ni redes sociales. Pues montó una oficina particular cuyos pronósticos se ganaron la confiabilidad de instituciones públicas y privadas.






