Transcribo parte de una columna publicada en El Diario Vallenato el miércoles 15 de Julio de 1987: “La fecha del 25 de mayo de 1987 no se borrará jamás de la memoria de un puñado de colombianos que habitan en la región de Chemesquemena, Guatapurí, Dungakaare, y en general todos los alrededores del cerro de Donarua, ya que después de un torrencial aguacero, que por fortuna se produjo durante las horas del día, el mencionado cerro comenzó a agrietarse y a deslizar toneladas de tierra, lodo y rocas por todos sus flancos, sembrando la destrucción y el pánico entre los moradores de la región. Parte de ese material deslizado fue a parar al lecho del río Guatapurí, que debido al volumen del deslizamiento hace suponer que dicho río llegó a bloquearse”.
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El resultado de esta furia de la naturaleza fue una adulta ahogada en el río Pontón y más de una docena de damnificados perdieron sus humildes viviendas, cultivos, y aún las mismas parcelas que les permitían sobrevivir.










