En Valledupar, el arbolado urbano se ha convertido en un riesgo silencioso que se evidencia cada vez que un tronco enfermo, mal podado o debilitado por obras cae sobre vehículos, viviendas o peatones. Detrás de cada emergencia hay una pregunta que sigue sin responderse con claridad: ¿quién está cuidando realmente los árboles de la ciudad y qué está haciendo la administración para prevenir nuevas tragedias?
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En los últimos años, episodios como la muerte del abogado Miguel Andrés Perea en el 2019, el taxi destruido en pleno centro, los motociclistas heridos y las viviendas afectadas por árboles desplomados han encendido las alarmas ciudadanas sobre el deterioro del arbolado y la falta de mantenimiento preventivo. Líderes barriales, bomberos y residentes han advertido en repetidas ocasiones sobre árboles inclinados, raíces cortadas por pavimentaciones y ramas que cuelgan sobre cables y vías transitadas, pero la sensación general es que la respuesta institucional llega tarde o no llega.










