José María ‘Chema’ Ramos es un hombre radical en sus decisiones, no le gusta el engaño y mucho menos que le mientan. El dinero no lo tiene como prioridad, menos cuando el acordeonero se convirtió en un empleado del cantante.
Como él mismo lo relata, nació con la sombra de un padre que lo apoyó a consagrar el arte de tocar acordeón en su vida. Así, como uno más del folclor, aprendió a interpretarlo en su natal Urumita, sur del departamento de La Guajira, y desde allí llegó a Valledupar en 1976 para ganar el Festival Vallenato en la categoría Semiprofesional, creada por Alonso Fernández Oñate.
“Yo seguí los pasos de mi padre, José María Ramos Rojas, él era un gran músico y exponente del vallenato, en esa época nadie vivía del acordeón y él únicamente hacía las parrandas bebiendo trago y en comidas con sus amigos. Su padre era un hombre acomodado, tenía dos fincas con tres estancias de café y ganado, entonces mi papá no vivía de la música”, relató ‘Chema’ Ramos, el mismo que cuando era niño se hizo músico en Urumita, al recibir las primeras lecciones que “me regaló mi padre cuando me entregó un acordeón de dos teclados y después me compró un cinco letras”.










