Mucho tiempo antes de que Carlos Roberto Murgas Guerrero apareciera en el campo colombiano, su abuelo, el siempre recordado Carlos Murgas Puche, en uno de esos ires y venires como oficial de correo, oxigenó la chispa que encendería el futuro de su familia y una región entera.
Aunque, de por sí, el cargo de oficial de correo era importante con suficiencia por la responsabilidad que representaba el transportar las documentaciones y cheques de importantes personalidades y negocios, Murgas Puche no se conformó y con el tiempo se convirtió en un consagrado ganadero de la región, con amplia visión y hondo entendimiento sobre progreso.
Quizá, atendiendo a esa misma visión, obligó a su hijo a que enviara a su nieto –Carlos Murgas Guerrero- a estudiar en el exterior, como en efecto sucedió.










