Con notorios moretones en sus brazos terminó Luisa* luego de fuertes estrujones por parte de su esposo, quien la maltrata desde hace tiempo de manera verbal, y con quien establece desde hace tres meses un proceso de separación. Pese al fuerte dolor que sentía en su cuerpo se dirigió posteriormente ante las autoridades pertinentes a denunciar el hecho, pero tuvo que afrontar ‘un viacrucis’ para ser escuchada, incrementando así el daño emocional.
“Me maltrato así de repente; sin más ni más, porque no fue en medio de una pelea. Nosotros vivimos en la misma casa, pero en habitaciones separadas. Yo estaba en mi cuarto y él llegó tumbando cosas que estaban encima del clóset, cuando fui a evitar que siguiera con esa actitud, me agredió. Cuando voy a la URI a colocar la demanda no me la reciben porque era miércoles por la noche, alegando que como no había capturado debía ir al otro día en la mañana. El jueves, él (compañero sentimental) llega primero que yo, luego de autolesionarse para hacer creer que yo lo había maltratado, y le toman la demanda; a mí no me lo permiten porque no podían recibir dos demandas por el mismo hecho. Y de ahí empezó mi recorrido de una institución a otra buscando la forma de dar mi versión de los hechos, buscando la forma de protegerme”, manifestó la víctima.
Luisa* tocó las puertas de la Inspección Permanente de Policía, ubicada en el barrio Fundadores, la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía, el centro de atención de la Fiscalía en la carrera 11A, entre calles 14 y 15, y luego al Centro de Atención Integral a Víctimas de Delitos Sexuales, CAIVAS, en la carrera 16A con calle 18, pero en ninguna obtuvo una respuesta clara de lo que debía hacer. Ella cuenta que los funcionarios que la atendieron le hicieron comentarios machistas que la revictimizan.










