A casi un año de su fallecimiento, los conocedores de la culinaria recuerdan a Fidelina como la precursora de los tradicionales dulces vallenatos, aquellos hechos a base de leche, coco, papaya, azúcar y otros ingredientes de nuestra tierra.
En el barrio conocido como El Cerezo, en la calle La Garita, está la casa de Fidelina Redondo Gámez, la mujer que aprendió el arte de la cocina de su madre Nicolasa Gámez; toda su vida se dedicó a deleitar el paladar de quienes gozaron de la magia del viejo Valledupar, pero por ese sabor provinciano que le impregnó a sus preparaciones supo cruzar fronteras nacionales e internacionales, ya que sus dulces viajaron a diferentes destinos fuera del continente americano; el mismo papa Juan Pablo II los degustó.
Quienes la conocieron la describen como una mujer altruista, guerrera, trabajadora, de personalidad y temperamento fuerte pero con una dulzura incalculable, que era tan fiel como su nombre.










