El estruendo de un gigantesco y frondoso árbol de mango estremecido por la fuerte brisa decembrina, es la señal principal para que Daniel Urbina se motive a descolgar su cometa que todas las tardes guarda en su amplio cuarto adornado por juguetes infantiles.
Son las 2:00 de la tarde. Los vientos que provienen de la Sierra Nevada arropan el cielo vallenato como dándole la bienvenida a una tarde, de esas que levantan faldas, pero también se convierten en herramienta natural para promover una tradición sobre los cielos veraneros.
Daniel sonríe mientras echa a su espalda la cometa diseñada con caña brava y papel de colores alusivos a su equipo del alma: Junior de Barranquilla. Camina media cuadra para llegar al parque del barrio Cinco de Noviembre de Valledupar, en donde hay espacio suficiente para elevar su barrilete, que no supera el medio metro.










