En una vereda rodeada de montañas y árboles frutales, un grupo de niños acostumbraba reunirse para jugar. Una tarde, mientras recogían nísperos debajo de un árbol muy viejo, Samuel encontró una mochila enterrada entre las raíces. Tenía bordadas las iniciales A. R. En su interior había un cuaderno, una brújula, tres monedas, una llave y una fotografía de un niño sentado debajo del mismo níspero. En la parte posterior decía: «Andrés Rivera, 1987. Si encuentran mi mochila, sigan las pistas».
Los niños acudieron a don Eusebio, un hombre que conocía muchas historias de la vereda. Él les contó que Andrés Rivera había vivido allí muchos años atrás y que, antes de marcharse con su familia, había escondido una caja con sus recuerdos. Los niños decidieron seguir las pistas para encontrarla.
Después de buscar cuidadosamente alrededor del viejo níspero, descubrieron una pequeña puerta escondida entre sus raíces. Con la llave abrieron una caja que contenía canicas, dibujos, cartas, semillas y fotografías antiguas. Sin embargo, una de las cartas decía que todavía faltaba descubrir el último secreto.







