Nunca había esperado tanto un 7 de agosto.
Puede sonar extraño viniendo de alguien que nació en 2009. Tengo apenas 17 años y este será el cuarto presidente que veré posesionarse. Del primero no tengo recuerdos; del segundo, apenas algunas imágenes; el tercero despertó mi curiosidad por la política; y el cuarto me confirmó que Colombia estaba profundamente dividida.
He vivido cuatro posesiones presidenciales, pero esta es la primera en la que el país parece más preocupado por la ubicación del atril que por el peso de las decisiones que se tomarán desde él.











