“A mí, mis padres me pegaban y aquí estoy bien”, “de niño nunca me llevaron al psicólogo y nada resultó mal” o “en mi casa no se hacía lo que yo quería sino lo que mandaran mis padres” son algunos de los comentarios que cada día son más comunes cuando las personas se refieren a la generación Z o más comúnmente conocida como “Generación de cristal”.
La “Generación de cristal” es un término que se hizo viral gracias a las plataformas digitales y se refiere a los jóvenes nacidos después del año 2000, quienes según la filósofa Monserrat Nebrera, “pueden llegar a ser más frágiles, inestables o inseguros, pueden llegar a tener poca tolerancia a la crítica, al rechazo y la frustración, en consecuencia de que son criados por personas que vivieron épocas de carencia y han trabajado por darles todo para que no les falte nada como a ellos en su momento”.
Según la directora del programa de Psicología de Areandina sede Valledupar, Jessica Mejía, a pesar de que a esta generación se le ha culpado de quejarse de todo y de tener una baja tolerancia a la frustración, es también una generación que no se conforma con seguir los parámetros establecidos y que no tiene miedo a hablar ante las injusticias.










