“Dice la malpensada de mi experiencia: No te creas ese cuento que eso no va. Se están aprovechando de tu inocencia”. Y es que sabe la experiencia que ha sido difícil, que Colombia ha estado por muchos años sumergida en un imaginario de profundidades fangosas donde se le enseñó a la gente a desconfiar, a ‘no dar papaya’.
No obstante, sabe también la experiencia que aquel abismo es invivible y que la única forma de salir de él es mudando el imaginario, dando cabida a un nuevo sentir y un nuevo actuar, cimentados en la confianza, en la fe, en la decisión de avanzar hacia un nosotros que logre conjurar la vocecilla que a menudo susurra al oído que ese es “un cuento muy bonito pa’ ser verdad”. Sabe la experiencia que “seguir como estamos ya es lo peor que nos puede pasar”.
Es aquí donde aparece como único camino acudir a la independencia; libertarse de la desconfianza y la indiferencia, tener la voluntad, el coraje y la decisión de abrirse a un nuevo imaginario en el que sea posible cambiar la ‘ley de la papaya’ por la cultura de la confianza y avanzar juntos para tejer un nosotros, donde los unos a otros puedan mirarse a los ojos y plantearse el desafío: “Intentemos lo imposible y logremos que este sueño sea en verdad inmarcesible”.










