En la historia de los pueblos hay vidas que definen la impronta cultural, antropológica y sociológica de generaciones. Son referentes que caracterizan la memoria y semblanza de comunidades y épocas que apropian la esencia de lo que pervive en el tiempo, es decir, la identidad de un territorio.
La huella construida durante el tránsito de 77 años de vida hicieron de Hernán López García expresión del plenario de la hidalguía, nobleza y lealtad que distingue a la gente de Río de Oro. La empatía, solidaridad y respeto por el prójimo fueron una constante en su vocación de servir a costo del sacrificio propio; cálido, afable y auténtico fue siempre un ser transparente.
Hernán era el segundo de los 11 hijos de Aya y Nuncho, quienes han extendido la siembra de principios y valores soportados en la devoción mariana a la virgen del Rosario, que es del adn del riodorense. “El trabajo camino, vehículo y fundamento del patrimonio de vida” define el carácter de quienes desde esa esquina del Cesar reivindican su origen y pertenencia; de esa estirpe son los López García y Hernán era su estampa.










