Los aguaceros han hecho brotar vegetación en algunos potreros del centro y norte del Cesar, pero todavía no resuelven la falta de alimento para el ganado. Detrás del verde que empieza a aparecer quedan animales delgados, suelos con poca humedad y productores que deben decidir entre comprar comida, reducir sus hatos o arriesgarse a perderlos. Así lo describen testimonios recogidos en Mariangola, Bosconia y Becerril.
Rafael Rumbo, ganadero de la zona rural de Mariangola, explica que las lluvias aisladas llegan después de un periodo prolongado de escasez de agua. Según su observación, los brotes no alcanzan a convertirse en pasturas suficientes porque los animales, necesitados de comida, los consumen apenas aparecen. “Lo poco que puede retoñar, como no hay pasturas, el ganado lo arrasa nuevamente por su necesidad de supervivencia”, relató en entrevista con EL PILÓN.
El verde del potrero no basta
Rumbo describe fincas donde los productores mantienen abiertos varios potreros para que los bovinos busquen alimento. Esa búsqueda permite aprovechar lo poco que crece, pero también dificulta dejar descansar las áreas que empiezan a recuperarse.








