“Los muertos no se cuentan así”. Con esa frase, que es título y declaración ética, la narradora vallenata Mary Daza recordó por qué su ópera prima sigue siendo una referencia obligada para comprender el conflicto armado colombiano tres décadas después de su aparición. A su lado, la poeta cartagenera Mafe Piñeres defendió la poesía como “lenguaje para inmortalizar sentimientos” y el cuentista vallenato Luis Barros Pavajeau llevó la violencia al ámbito íntimo, cotidiano, femenino, en su libro de relatos Feróstica. Juntos dibujaron un Caribe que cuenta, canta y se ríe, pero no evade sus heridas.
La poesía que documenta sentimientos: Mafe Piñeres y Silencios de la huésped
“Uso la poesía como el lenguaje para inmortalizar los sentimientos… es mi forma de evitar la violencia, de evitar un delito: convertir la agresividad en arte”. Mafe Piñeres se definió antes que nada como una “contadora de historias”. Silencios de la huésped, su primer poemario en solitario, nace de casi dos años de “incomodidades” convertidas en objeto tangible: un libro ilustrado, mediado por la música, que organiza en clave poética aquello que durante mucho tiempo permaneció callado.
La autora explicó que todos sus procesos creativos están atravesados por canciones: escribe con música de fondo y muchos de sus versos son respuestas a letras ajenas, “contradicciones” o “devoluciones” a lo que escucha. En el poemario, cada tres poemas propios aparece un fragmento de otros autores y músicos: Carlos Vives, Fito Páez, Cerati, Andrés Cepeda, Shakira, entre otros. Así, el libro se vuelve una conversación entre voces y géneros.










