En la avenida Simón Bolívar de Valledupar hace varios años surgió una gran cantidad de negocios nocturnos: locales de comidas rápidas, licorerías y estaderos. Las quejas de los habitantes del sector debido al exceso de ruido en estos establecimientos habían disminuido durante el confinamiento porque se encontraban cerrados.
Una vez se anunció la reactivación económica en la capital del Cesar, las puertas de dichos negocios se abrieron de ‘par en par’, generando molestias en la comunidad del barrio Simón Bolívar. Uno de los residentes, quien prefirió omitir su nombre, dijo a El Pilón: “El sonido debería ser moderado y no lo es; eso es todos los días desde las cinco de la tarde hasta la hora que cierran, en especial si hay partidos. Todo el mundo tiene derecho a trabajar siempre y cuando no perjudique a los demás”.
Entre las quejas están las de dos estaderos. “El primero tiene un pickup, no se cumplen las medidas de bioseguridad, las personas están sin mascarillas bailando, es todo un relajo; hay una cantidad de motos y vehículos que no permiten transitar por ahí”, dijo el vecino del sector. Agregó: “El otro estanco es de una sargento de la Policía, cerca del sitio hay tres apartamentos y la gente se muda porque no soportan tanto ruido; cuando se llama a las autoridades estos llegan y hacer bajar el volumen, pero apenas se van vuelven a subirle”.










