“Mi hermano José Luis Nieto Álvarez se desapareció el 22 de mayo del 2003 por manos de grupos al margen de la ley; a partir de allí iniciamos una búsqueda intensa y cinco años después recibimos una noticia que al parecer estaba en el Meta. Desde ese momento ha sido un momento de lucha, de desespero, de buscar verdades, de tener claridad porque supuestamente aparecía como jefe paramilitar de esa región, cuando él era un hombre que no había salido de Valledupar, que vendía tintos y que solo terminó cuarto de primaria”. Así describe Mara Nieto la zozobra que ella y su familia han tenido desde que su hermano desapareció de manera misteriosa.
José Luis hace parte de las 1.700 víctimas de desaparición forzada que existen en el departamento, según datos de la Unidad de Víctimas Cesar-La Guajira o de los 967 registros contabilizados en el Sistema de Información Red de Desaparecidos y Cadáveres, Sirdec, del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses.
Nieto aseguró que en el 2008 en el Meta aparecieron unos restos, pero fue muy difícil esclarecer si eran los de su hermano porque no les hicieron pruebas de ADN ni fotos ni necropsia, la cual hicieron en el 2010 y salió positiva. “Para nosotros que sufrimos este hecho es lamentable y muy cruel porque nunca hay una verdad completa, puesto que no viste un cuerpo; es decir, es un dolor que permanece en el tiempo”, aseveró la mujer con ojos aguados y la voz quebrantada.










