ALEXANDER GUTIÉRREZ/ EL PILÓN
Es una tarde generosa de brisas reconfortantes y cielo despejado en el municipio de La Paz, la autora de ‘Lo que no borró el desierto’ abre con agrado la puerta de su casa materna. En el sofá de la sala está su tía Martha Cecilia, la misma que cuando niña le enseñaba el uso de las tildes y le contaba historias de la Biblia. El hielo se rompe con facilidad citando apartes de su primera y más reciente obra y retazos de ‘Vivir para contarla’, de García Márquez, uno de sus escritores tutelares.
El libro de López Zuleta conduce a lectores avezados e ingenuos por los vericuetos de la felicidad, el dolor, la confusión, la debilidad, la sed de justicia y de verdad, de la mano de esa primera persona que revela su existencia, retazo a retazo, con sus luces y sus sombras. El texto fusiona con sutileza la narrativa literaria, periodística e investigativa y produce un ávido deseo de conocer más y más.










