“Leandro Díaz deja de llorar / y suspirar el día que muera”: Leandro Díaz D.
¿Quién más que Leandro Díaz Duarte se podía ganar el apelativo, ya en su edad provecta, de El Homero de la Provincia? Ciego de nacimiento, ello nunca fue para él impedimento para escalar hasta el pináculo de la fama, como el más grande entre los grandes compositores de la música vernácula, consagrada ya en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española como Vallenato. Desde la humildad de su cuna aldeana en la vereda de Alto Pino en Lagunita de la Sierra (Hatonuevo, La Guajira) se yergue este hombre con una prodigiosa capacidad para componer las más lindas y enjundiosas canciones, que en número superior a las 350 le granjearon el reconocimiento en vida como el mejor.
Bien dijo el compositor y sobrino del Maestro Rafael Escalona, Santander Durán Escalona, refiriéndose a Leandro, que él era “la leyenda viva de la música vallenata”. Por su parte, el reputado periodista Juan Gossain no ahorró elogios para él, al que consideró “como el más sensible de todos los músicos de esta tierra pródiga de poetas y cantores que remontan a las sierras y los ríos y andan y desandan los valles como si fueran los últimos juglares que quedan sobre la tierra”. Esta es, tal vez, la más fiel descripción de Leandro Díaz, juglar por antonomasia y andariego como quienes le antecedieron en su arte, empezando por el gran Francisco El Hombre.










