—¿Alguna vez dejaré de ser tan solitaria? —La flor miraba a la luna, casi pidiéndole respuesta y consuelo ante su sufrida soledad.
En ese momento, una luz resplandeciente del interior de la luna le respondió:
—Oh, tú, dulce y frágil tallo de melancolía, ¿cómo algo tan hermoso puede albergar tanta tristeza en sus palabras?











