En medio de los premios y sonrisas de la III Olimpiadas Iberoamericanas Fides del Caribe existen historias que valen la pena contar. Bajo una carpa del Complejo de Tenis de Valledupar, la protagonista de esta página se esconde del sol del mediodía. Es una niña de 27 años. Sale de la carpa para contarnos su historia, sin embargo, antes de cualquier palabra, Yulieth Yohana García obsequia una sonrisa.
Nació con un cromosoma extra, o síndrome de Down, que impide el completo desarrollo intelectual. No es una enfermedad, es una alteración que cada persona vive diferente. En el caso de Yuliana su habla no es fluida; se esfuerza antes de hacerlo y alza el tono de su voz sin querer cuando fluye una palabra. Siempre lo intenta, cuando no quiere responde con una sonrisa.
Recién enterados de que un hijo vivirá siempre con un cromosoma más de los comunes 46, un miedo mezclado con la presunta incapacidad de no enseñarlo a ser independiente domina los nervios de cualquier padre, sumado al interrogante de cómo ofrecerle una vida normal por encima de una alteración genética. Con Yulieth lo lograron. El desafío de cursar bachillerato en una escuela secular sin las condiciones particulares para su desarrollo hizo de su personalidad una fortaleza.










