Las energías, o las vibras –como se quiera llamar- de los seres prendados de profesiones, artes u oficios se advierten a leguas. Inclusive, tienen un potencial de fácil transmisión y contagio. Nina Marín expresa su amor por el séptimo arte con todos los recursos comunicativos de que dispone. Palabra, movimiento y gestualidad. Es abogada, especialista en Derecho Administrativo. Ejerció durante tres años, pero supo bien pronto que su vida no podía consumirse de audiencia en audiencia, cumpliendo desgastantes horarios del quehacer judicial. Su último empleo en este ámbito profesional fue en el Ministerio de Defensa.
Estudió cine y arte dramático en Barranquilla. En Cuba, cursó avanzado de idiomas, técnica ‘Meisner’, dirección actoral y actuación para cine. A la fecha, cumple más de 16 años inmersa en la creación cinematográfica, junto a Óscar Alvarado, su esposo y productor, con quien tiene tres hijos. “Cuando tú haces lo que quieres, eres feliz. Escoger mal una profesión es como casarte con la persona que no te gusta ¿Te imaginas acostarte con alguien que no te gusta? Así estaba yo. El derecho es bonito, lo respeto, me gusta hasta cierto punto. Es algo que quiero, pero no amo, o no prefiero”, dice entre risas.










