Hernán Centeno solo espera las cuatro de la mañana para encender las velitas al lado de sus tres hijos; es una tradición que heredó de sus padres cuando en su infancia hubo espacio para esta fecha que marcó una costumbre en su natal Aracataca.
No hubo madrugada de cualquier ocho de diciembre en la que no le rindiera tributo a la Inmaculada Concepción. Lo hizo a su manera como todo niño que disfrutó a su manera la tradicional fiesta.
“Mi papá siempre nos levantaba a las cuatro de la mañana a prender velitas, él siempre sacaba el equipo de sonido para poner música, mientras nosotros con la ayuda de mi mamá colocábamos las velitas en el piso hasta que se acabaran por ahí como hasta las cinco y media”, recordó.










