En el Cementerio Central de Valledupar, el más antiguo de la ciudad fundado en 1806, el Día de los Fieles Difuntos ya no se vive como antes. La pandemia cambió a la humanidad y esta celebración religiosa no fue ajena a ello.
La romería de gente que cada dos de noviembre llegaba al camposanto ubicado en la calle 15 entre carreras 9 y 10 se redujo a pocas personas que se niegan a perder la tradición de orar y llevarle flores este día a los seres queridos que acabaron su vida terrenal.
Quizás, como dice Santander Martínez, trabajador del camposanto por más de 15 años, “la pandemia alejó a los vivos de los muertos”.










