Benjamín Guzmán Maestre es un joven pianista y gestor cultural vallenato con una relación con la música desde muy pequeño. Graduado en Música con énfasis en piano clásico de la Universidad del Norte en Barranquilla. Posteriormente cursó una maestría en Música con énfasis en Interpretación del Piano Clásico. Su historia significa viajar desde la calidez de la infancia en Valledupar hasta los escenarios de Barranquilla y Medellín, donde el piano y el amor lo transformaron.
Su pasión y vocación nacieron en el Gimnasio del Norte. Cuando cursaba la primaria sus papás le regalaron un piano de juguete que solo sonaba una tecla a la vez. Mientras su hermano empezaba a asistir a la preorquesta del colegio con el profesor Orangel Solano, él, terco como se muestra, insistió en seguir esos pasos, aunque no tuviera la edad para iniciarse en la flauta dulce.
La epifanía vino a inicios del bachillerato. “Yo estaba en séptimo grado y me gustaba una chica en el salón. Tenía los ojos claros y había una obra dentro del piano que me habían comprado mis padres, ‘Claro de Luna’, que me recordaba el azul de sus ojos. Yo me aprendí una primera parte de esa obra casi que de oído, pero la segunda sección requería un piano más grande. Mis padres, al ver mi avance, decidieron comprarme uno. Literal, lo hacía solo, es verdad que empecé como a aprender aparte música, ya leyendo partituras, porque me gustaba mucho. Me aprendí la obra completa solo para mostrársela a la chica y declararme… hasta que me enteré que le gustaba el hijo del alcalde. Me rompió el corazón y aprendí otra obra más caótica, pensando en el sentimiento de la ruptura”, contó Guzmán sobre ese punto de inflexión que tiene todo joven que convierte un hobby en un proyecto de vida.










