Yo estaba entre los curiosos cuando comenzaron a examinarla. No encontraron plástico, redes ni nada que pudiera explicar la herida. Lo único extraño era una placa negra, más o menos del tamaño de una moneda, incrustada entre sus costillas.
Uno de los científicos intentó sacarla. La placa se movió y todos retrocedieron. No tenía cables, tornillos ni ninguna abertura. Sin embargo, cuando cayó sobre la arena, empezó a vibrar. Entonces, escuchamos un sonido que venía del mar.
A lo lejos, apareció una luz. Primero, pensamos que era un avión, pero comenzó a descender sin hacer ningún ruido. Poco después, pudimos distinguir una enorme forma circular y oscura, suspendida sobre el agua, rodeada por una delgada línea blanca. Nadie dijo nada y, de repente… desapareció.











