El desconsuelo embarga a Luz Elena Barros. Sus lágrimas no se frenan ante el dolor eterno que no se aparta de un simple llanto.
Llora sobre una tumba fría, la misma en donde reposa el cuerpo de su ídolo, aquel que con su canto la enamoró y le sacó miles de sonrisas. Hoy su dolor sigue intacto porque cuatro años después de la partida de Diomedes Díaz su alma sigue herida como la inmortal canción de su artista.
“Cómo hago mi vida pa’ arrancarme esta herida si te quiero”. Estribillos acordes a su realidad, una mujer llora desconsoladamente, mientras sus manos acarician una fotografía que yace sobre la tumba de ‘El Cacique’.










