A comienzos del mes de octubre del 2018, el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, detectó varios focos de la fiebre aftosa en el país, uno de ellos en el departamento del Cesar. Establecida la cuarentena, como una medida de choque contra la fiebre aftosa que afectó un predio de la zona rural de San Diego se sacrificaron 551 bovinos.
A la semana del primer foco, se sumó uno en Maicao, La Guajira, y el país perdió la certificación de libre de aftosa. Enseguida se cerraron los mercados internacionales para el sector ganadero colombiano.
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