Karelis Zapata es una joven que vende minutos en una esquina de la zona bancaria de Valledupar, a las 6:30 de la noche termina su jornada laboral, pero mientras guarda todas sus herramientas de trabajo, se le hacen las 6:45.
Con su mochila ‘terciá’, sale por la calle, en búsqueda de transporte para llegar a su vivienda ubicada en la urbanización Populandia, al suroccidente de la ciudad. Temerosa de la soledad que comienza a hacerle compañía, una vez los minutos pasan y las vías se quedan sin tráfico, acelera el paso. La oscuridad de las calles, por falta de alumbrado público la convierten en posible víctima de un acto delictivo. No obstante se persigna y camina por toda la calle 16, desde la carrera 9ª hasta la 11, para tomar el transporte.
Así como Karelis, muchas personas en esta ciudad temen caminar por calles, avenidas, parques, canchas y callejones que permanecen a oscuras. La razón: ausencia de alumbrado público y extrema frondosidad de los arboles ubicados a un lado y en los separadores de la vía, y sumado esto, falta de voluntad política.
Para comprobar esta situación, que pone en riesgo a los habitantes y deja ver una gran deficiencia en esta capital, EL PILÓN, hizo un recorrido por los principales sitios del Valle del Cacique Upar, constatando la penumbra en la que se envuelve esta tierra de caja, guacharaca y acordeón.











