Neidi* tiene 13 años. A su edad debería cursar 8°, pero está en 5°. Estudia en uno de los barrios periféricos de la capital del Cesar, en donde poco tiempo permanece, trabaja, sus padres la obligan.
Desconoce las leyes que la protegen como menor de edad, poco es lo que en casa le han enseñado sobre eso.
Su madre, soltera, de escasos recursos, vive en una invasión, en una casa de tablas, bolsas y zinc. Su padre, consumidor de sustancias psicoactivas, alcohólico y desempleado. Se alejó de ellas hace mucho tiempo. Ese desprendimiento del hogar, más la falta de dinero y la poca responsabilidad de la mujer, conllevó a la madre de Neidi* a buscar una entrada aparentemente fácil, vendiendo el cuerpo de su hija con hombres mayores.











