Puede decirse, que desde la edad media hasta nuestra época, la actividad humanística en la Iglesia Católica ha descollado por la “lectura del libro sin palabras”, o sea la lectura de las imágenes sagradas. La iglesia hace uso de la efigie para formar e informar. La sobrecarga didáctica de la imagen pintada o esculpida prevalece mucho más tiempo sobre el valor propiamente estético.”
Es así como el sacerdote llega a los feligreses por medio de la predicación y de las imágenes que actúan a modo de recordatorio o refuerzo del mensaje oral, convirtiéndose en un medio de adoctrinamiento junto a la explicación de viva voz de los clérigos, didáctica que reconoce la potencialidad del comentario oral de los predicadores para cautivar la devoción de los fieles. La imagen hace el oficio de memorial, para no olvidar los acontecimientos de las santas escrituras que representan; esencial para la comprensión del arte religioso en el que juega papel innegable la memoria.
Al hablar particularmente de las devociones y del ambiente religioso de la feligresía de la Iglesia de la Inmaculada Concepción de Valledupar y de la multitudinaria población que crece día a día en número y devoción.











